¿Por qué La Mujer Medicina?
Muchas veces me han preguntado por qué elegí este nombre.
No tengo una sola respuesta.
Creo en el poder que cada persona lleva dentro. Y creo que acompañar, muchas veces, es ayudar a recordar ese poder.
También creo que no acompañamos desde un lugar de saberlo todo. Acompañamos desde aquello que seguimos aprendiendo en nosotras mismas.
Durante mucho tiempo necesité aprender a cuidarme, a escucharme y a encontrar otras maneras de habitar mi cuerpo. El lenguaje somático fue, para mí, una puerta. Aprender a reconocer lo que el cuerpo expresaba, escuchar sus señales y comprender sus necesidades abrió posibilidades que antes no podía ver.
Con el tiempo entendí que aquello que necesitaba aprender profundamente también podía convertirse en un camino para acompañar a otros.
Hacemos mejor aquello que más necesitamos aprender.
A través del cuerpo aprendí también a relacionarme de otra manera con mi energía, con mis límites, con el descanso, con el placer y con la presencia.
Y quizás por eso este nombre tiene tanto sentido para mí.
La Mujer Medicina no es alguien que tiene la medicina para otros.
Es alguien que puede ayudar a recordar la medicina que ya existe dentro.
En mi propia historia, la vida me puso muy temprano frente a experiencias donde cuidar y ser cuidada estuvo ligado a la posibilidad de seguir viviendo. Nací atravesando una situación de salud muy delicada y una curandera formó parte de ese comienzo.
Después vinieron otros momentos de la vida en los que, de distintas maneras, volví a encontrarme frente a ese límite misterioso entre la vida y la muerte.
No sé explicar del todo qué fue aquello que me sostuvo.
Puedo llamarlo energía, vida, intuición, misterio, amor o simplemente una fuerza que no alcanzo a comprender.
Solo sé que estuvo.
Y que haber atravesado esos umbrales dejó en mí una profunda gratitud por estar viva y una sensibilidad particular hacia los procesos de cuidado.
Por eso La Mujer Medicina no representa una identidad perfecta ni una mujer que viene a sanar a nadie.
Representa un camino.
El mío.
Y una invitación a volver al propio cuerpo, escucharlo y descubrir qué sabe de vos que quizás todavía no escuchaste.
Porque confío en la inteligencia que hay detrás de lo que sentimos.
Cada emoción trae información. Cada sensación tiene algo para decirnos.
Cuando dejamos de anestesiar lo que sentimos y nos animamos a escucharlo, el cuerpo puede convertirse en una vía de conocimiento.
Tal vez sanar no sea dejar de sentir, sino aprender a escuchar aquello que el sentir viene a mostrarnos.
