
Una práctica meditativa en la que el contacto, la respiración y la presencia crean un espacio para escucharnos más allá de lo conocido.
En Cachemira no buscamos llevar al cuerpo hacia ningún lugar.
Invitamos a los siete centros energéticos a reconocerse, activarse y dialogar entre sí.
La libido puede habitar el segundo chakra, pero la energía vital no termina allí.
En Occidente muchas veces aprendemos a relacionarnos con el placer desde la genitalidad. Cachemira propone otra mirada: volver al cuerpo como totalidad.
Sentir lo que hay.
Sentir lo que somos.
Sentir cómo es posible estar hoy, en este instante.
El contacto se vuelve escucha.
La respiración encuentra espacio.
La energía se mueve por donde puede.
Y aquello que estaba contenido puede comenzar a expresarse.
No hay una forma correcta de sentir.
No hay nada que alcanzar.
Hay un cuerpo, aquí y ahora, buscando ser reconocido.
Cuando necesitamos volver a encontrarnos con nuestra totalidad.